
Devil's Playground, un documental que pude ver hace algún tiempo, retrata el mundo Amish desde un punto de vista particular. Los Amish, un grupo religioso y étnico cristiano anabaptista, viven aislados del "mundo inglés" en EEUU y Canadá. No tienen electricidad, teléfono, agua y desague y no usan radio, TV, auto o bicicleta.
Nadie es bautizado al nacer. Al cumplir los 16 años, a los jóvenes les es permitido experimentar el "mundo inglés", abandonando el hogar y gozando de todo lo que hasta ese momento les era vedado: ropa, música, alcohol, sexo, drogas. Es su decisión el volver, cuando lo crean conveniente, y ser bautizados, con lo que aceptan vivir el resto de sus vidas como Amish. Es su decisión ser o no ser Amish, como dice uno de los adolescentes del documental.
Rumspringa (dando vueltas) es el nombre de este periodo de vida de los Amish y Devil's Playground (parque de diversiones del diablo) es el nombre que usan para referirse al mundo exterior.
Witness, una película de 1985 del australiano Peter Weir, retrataba con algo de ingenuidad la confrontación de ambos mundos, pero desde el punto de vista de John Book, un detective urbano interpretado por Harrison Ford, que tiene que proteger al único testigo de un asesinato, un niño Amish.
Me llamó la atención el alto porcentaje de adolescentes que vuelven para ser bautizados: entre 85 y 90%. Investigando un poco, encontré un artículo sobre el documental, donde se señala la similitud entre el código Talibán y el Amish, haciendo notar por supuesto, que los Amish son pacifistas.
Me imagino el camino inverso. Imagino ser un amish por 3 o 4 años y me veo aburrido ordeñando vacas a las 5 a.m. Pero recuerdo también que a los 15 años, "dejé" la seguridad de mi familia para entrar a ese "parque del diablo" que fue la universidad, donde pude probar todo lo que hasta ese momento me fue ocultado. Y no me refiero solo a lo frívolo.
Probar o no probar, una versión moderna del, o previa al, ser o no ser hamletiano.

Imagen tomada de aquí



